Tornar

Castillo y Murallas de Requena

Codi
46.17.213-007
Denominació
Castillo y Murallas de Requena
Municipi
REQUENA
Comarca
LA PLANA DE UTIEL-REQUENA
Província
València
Ús primitiu
Defensivo
Tipologia
Edificis - Edificis militars - Castells
Foto InmuebleFoto InmuebleFoto InmuebleFoto InmuebleFoto Inmueble
Secció
Primera
Clasificació
Bienes inmuebles 1ª
Categoria
Monument
Estat
Declaració genèrica
Anotació Ministeri
R-I-51-0012146
Fecha anotación
21/07/08
Tipus de delimitació
Delimitado - Delimitación Definitiva - Planeamiento Especial Aprobado Veure delimitació al mapa

Planes

Nom Informe Fecha informe Fecha publicación BOP
Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico "La Villa" Favorable17/02/0410/10/05

A finales del siglo XII Requena se había convertido en plaza fronteriza entre el reino musulmán de Valencia, al que pertenecía desde la disgregación del califato, y el de Castilla. La caída de Cuenca en 1177 y la de Moya, ¿llave de Requena¿ según el-Edrisi, en 1181, la situaba en primera línea frente al peligro castellano, por lo que sus defensas fueron reforzadas a cargo de los de Valencia, englobando también el arrabal de San Nicolás.
Se desconoce la fecha de la conquista definitiva, que muy probablemente se limitó a una ocupación pacífica tras la caída de Valencia en 1238; el caso es que, tras un breve litigio jurisdiccional entre Jaime I y Alfonso X, Requena quedaría formando parte del reino de Castilla y frontera con el de Valencia. Este carácter fronterizo determinaría sus funciones, conservando y viendo reforzadas sus murallas y castillo, y pasando a ocupar un importante papel aduanero en las relaciones comerciales entre ambos reinos, sobre todo con la concesión del Puerto Seco y Almojarifazgo por Alfonso X en 1264.
La Baja Edad Media, hasta el advenimiento de los Reyes Católicos, se caracterizó por las luchas fronterizas y por las disputas internas entre la nobleza y monarquía. La plaza de Requena, villa real, sería pieza apetecida por aragoneses y castellanos. Entre 1370 y 1374, estuvo ocupada por los aragoneses que habían ayudado a Enrique de Trastámara en su guerra contra Pedro el Cruel. La derrota de este segundo y el hecho de que Requena hubiera defendido su causa le valió la segregación de Utiel. Los aragoneses realizaron algunas obras de fortificación por las que los vecinos se vieron obligados a pagar la suma de 180.000 florines.
Las torres de San Julián y de Montijana, sin fecha conocida, debieron ser edificadas en este periodo. En el castillo las obras serían más importantes. Su torre principal de argamasa, fue sustituida por otra de sillería en 1423, e incluso se intentó sustituir el muro musulmán que mira hacia el interior de la ciudad por otro de sillería, como se desprende del inacabado lienzo de muro pétreo que parte de la torre principal hacia las dos torres que protegen la entrada a la plaza de Armas.
El siglo XVIII comienza con un preludio de destrucción. A pesar de las fortificaciones de los accesos a la Villa y de la construcción de un tapial que englobó al barrio del Arrabal en el recinto murado. Según disposición de Adrián de Bethancourt, capitán de la plaza en 1706, el ataque austracista del 24 de junio de aquel mismo año, con baterías instaladas en las Peñas, supuso la destrucción de mas de 300 casas, según Domínguez de la Coba, arcipreste, contemporáneo de los hechos. La iglesia de San Nicolás perdió su portada gótica y el mismo templo resultó tan seriamente dañado que tuvo que ser reconstruido en los años veinte. En el Arrabal fue incendiado el Hospital, seriamente dañado el Colegio y saqueada la Casa del Pósito. El Hospital fue luego derribado y se construyó otro sobre el mismo solar.
La guerra napoleónica y las numerosas guerras civiles durante el XIX devolvieron a Requena su carácter estratégico, con las consiguientes obras de protección y defensa. Partidaria de la causa de Isabel II, Requena fue atacada por el general carlista Cabrera en septiembre de 1835, si bien no llegó a ocuparla. A raíz de este ataque se abrieron algunas zanjas y se formaron barricadas. En el verano de 1836 se construyeron algunas baterías y se abrió un foso con puente levadizo en la puerta de Valencia, que sirvieron para rechazar un nuevo ataque carlista, ahora a cargo de Gómez, en septiembre de 1836, suceso que le valió el título de Ciudad. Atacada de nuevo en marzo de 1837 por Cabrera, las autoridades militares decidieron dotar a la ciudad de nuevas y más potentes defensas. Bajo la dirección de Pedro Ortiz de Pinedo y Juan Ramón Carbonell se mejoraron las murallas existentes, se construyeron muros de cal y canto, tapias, fosos, baterías, tambores, aspilleras, etc. Restos de aquellas defensas era el tambor del cerrito de Isabel II, lo que queda de los de Reinas y Honrubia y numerosos tramos de muro aspillerado que aparecen en el pedazo de los Huertos, la senda de los Asnos, recodo de las higuerillas o corrales de Verdú, entre la calle Pérez de Arcas y el Ambulatorio.
El origen del actual casco urbano hay que buscarlo en la plataforma tobácea, elevada entre 6 y 12 metros sobre el resto del terreno circundante, sobre la que se halla el barrio de la Villa. Su posición, rodeado por copiosas fuentes como las de Rozaleme, Reinas, Pilas, Bernate, el Pino, etc., controla el paso natural que comunica las tierras de la Meseta con el litoral valenciano a través del accidentado puerto de las Cabrillas. Vista desde Valencia, Requena podría ser considerada como una autentica ¿puerta de la Meseta¿.
Requena fue una ciudad fronteriza, primero entre los reinos de taifas de Toledo y Valencia, luego entre el musulmán de Valencia y el cristiano de Castilla, y desde el siglo XIII entre los reinos cristianos de Castilla y Valencia. Esta particular situación dejará su impronta en la arquitectura militar y civil, que recibiría influencias tanto castellanas como valencianas.
El municipio de Requena, el más extenso de los valencianos (815 km2), incluye la ciudad del mismo nombre, capital histórica y administrativa de la comarca, y una serie de aldeas y caseríos diseminados en el término.
El topónimo de Requena, es árabe Rakkana (la fuerte, la segura) si bien no se excluye que derive de algún otro topónimo más antiguo de origen ibérico o visigótico. Las primeras noticias fidedignas sobre Rakkana son precisamente del periodo musulmán y se refieren a itinerarios seguidos por tropas del califato de Córdoba a mediados del siglo X, del Cid Campeador hacia el año 1087 y del ejército almohade en 1172.
Los hallazgos arqueológicos demuestran un poblamiento ibérico, una intensa romanización y una ocupación visigótica, pero ninguna de estas tres culturas ha dejado restos urbanos, probablemente destruidos por edificaciones posteriores.
Sin embargo no hay dificultad en identificar el recinto musulmán, puesto que se puede seguir casi en su totalidad la cerca murada jalonada con torres, a pesar de que una y otras se encuentran en muchos casos ocultas a la vista exterior por los edificios adosados a las mismas.
Toda ciudad hispano musulmana se componía de tres elementos fundamentales: alcazaba, medina y arrabales. La alcazaba ocupaba la parte más elevada, estaba defendida por torres y muros y era la sede del príncipe o señor de la comarca. Por otro lado, se ubicaba siempre en la periferia de la cerca general y algo distanciada del resto de la ciudad, para protegerse no sólo el enemigo exterior sino también del interior. La alcazaba de Requena se levanta en el extremo norte de la cerca y de la toba, en la zona más elevada (690 m). Su puerta principal, flanqueada por dos torres, mira hacia la ciudad aunque hoy sólo es visible desde la plaza de Armas, ya que por el exterior se halla oculta por las casas adosadas al muro. La construcción de la alcazaba está catalogada como anterior al siglo XI, probablemente durante el periodo califal. Actualmente han desaparecido los muros y torres que miraban hacia el norte (calle del Peso), aunque por este lado los muros no debieron ser tan potentes, ya que se contaba con la defensa natural que es el desnivel de 12 m, en cortado que hay entre el piso del castillo y la actual calle el Peso. En el lado sur queda un lienzo de muralla de tierra de casi 50 m de longitud, 2 de anchura y 10 de altura, sobre el que sobresalen las dos torres de la puerta, también de tierra pero reforzadas en sus esquinas con piedras de sillería y ladrillos. En el extremo occidental del muro hay un montón de tierra, lo que queda de un antiguo torreón derruido. Independientemente del resto de la alcazaba, protegiendo la subida por la cuesta del castillo, está torre mayor, reconstruida totalmente en sillería durante el siglo XV y comunicada con el resto mediante un puente levadizo ya desaparecido.
Delante de la alcazaba se abría un espacio libre que corresponde hoy a la plaza del castillo y a las casas que hay entre ésta y la plaza de Armas. La medina vendría a comenzar donde hoy termina la plaza del castillo, siempre siguiendo la pendiente debajo de la toba, y terminaría en la muralla que recorre paralela a la actual calle del Rosario. La mezquita, que generalmente quedaba en la calle principal de la medina y hacia la mitad de la misma, corresponde a la actual iglesia de Santa María, junto a la puerta de Fargalla, que mira hacia el oriente. La cerca, más débil en las zonas este y oeste, en donde el desnivel del terreno servía ya como defensa natural, casi ha desaparecido totalmente entre la torre mayor del castillo, y la puerta del Cristo (mirando a Cantarranas) asó como entre la plaza de Armas y la puerta de Fargalla; pero entre esta puerta y la del Cristo se mantiene casi completa. A la altura de las casas números 37 y 39 de Santa María existen dos torres, que protegían la puerta de Fargallas, visibles únicamente y parcialmente desde extramuros. Entre ambas casas se descubre el arranque del muro hacia el oeste. La destrucción de unas casas en el otro lado de la calle hace totalmente visibles tanto el muro como una de las torres: cruza la calle de la cual falta un trozo de muro que se arruinó en 1934, y aparee de nuevo en el arco del Ovejero, en donde hay otra torre; desde allí a la puerta del Ángel aparece otra (número 30 de la plaza de la Jorra y 9 de la calle del Ángel); en la misma puerta hay una tercera torre, tras la cual hay que contabilizar una torre más. En total, contando la del Cristo, son doce torres, todas ellas de tres pisos, construidas de tapial, como los muros, aunque unos y otras presenten una especie de zócalo de mampuesto de 130 cm de altura. El grosor del tapial es siempre, en muros y torres, de 135-140 cm. La altura de la muralla oscila entre 9 y 10 m, mientras que las torres parece que fueron de la misma altura. Cada torre avanza unos 5 m desde la muralla y tiene un frente de 6,50 m. La fábrica de la cerca puede darnos una pista para conocer su datación. En Requena se empleó tierra formando una argamasa en la que incluían además de barro, cal, piedras pequeñas y casquijo de adobes y cerámicas. El empleo de tapial es propio del periodo califal, aunque se generalizó en el siglo XII con los almorávides y siguió luego con los almohades y los nazaríes. El supuesto de que la cerca general no pudo ser posterior a la alcazaba (la arquitectura y los materiales son los mismos) y la aparición de una segunda cerca en torno a un arrabal, que por necesidad no puede ser posterior al siglo XII, nos induce a pensar que dicha cerca fue levantada durante el periodo califal, entre los siglos VIII y XI.
Respecto al arrabal, que es extendió por la parte meridional de la toba y que ya estaba cercado cuando Requena fue atacada por Ximénez de Rada en 1219, sus defensas artificiales, apoyadas por el desnivel del terreno, son más reducidas que en la medina. Las torres de Montijana y Grande (esta última ya desaparecida) fueron reconstruidas en el siglo XV. La de Montijana es de forma redonda, construida de mampostería y con basamento de sillería y ladrillo. La puerta de Alcalá, en recodo, denota origen musulmán. Algunos adarves como los que salen de la Somera de Arriba, y el callejón de Paniagua, el de Cantero y el de la Cortina, así como los quiebros de la calle de Santa María denotan un trazado musulmán, si bien las calles de Somera de Arriba y Somera de Abajo, con la plaza de San Nicolás entre ambas, formando un conjunto rectilíneo y cuadriculado, propio de ciudades cristianas posteriores a la conquista, lo que nos hace suponer una reforma de este barrio en el siglo XIV o XV, siendo el Palacio del Cid (siglo XV) el edificio que parece debió marcar tal reforma urbana.
El conjunto murado musulmán comprendía a finales el siglo XII el espacio que hoy ocupa el barrio de la villa, con una extensión de 4,7 Ha, a la que correspondía una población aproximada de 1.600 habitantes. (C. Pérez-Olagüe. Extraído de ¿La Villa de Requena, una propuesta de Rehabilitación¿ de Antonio Osorio, Leopoldo Piles y Juan Piqueras)

Fotos

Foto InmuebleFoto InmuebleFoto Inmueble

Plànol

Foto InmuebleFoto Inmueble

La geolocalització dels elements està en procés de revisió.