Tornar

Palacio de Justicia

Codi
46.15.250-074
Denominació
Palacio de Justicia
Altra denominació
Casa Aduana Real
Municipi
VALÈNCIA
Comarca
VALÈNCIA
Província
València
Localització
C/ Palacio de Justicia s/n
Època
S.XVIII
Ús primitiu
Administrativo
Ús actual
Administrativo
Tipologia
Edificis - Edificis residencials - Cases - Palaus
Foto InmuebleFoto InmuebleFoto Inmueble
Secció
Primera
Clasificació
Bienes inmuebles 1ª
Categoria
Monument
Estat
Declaració singular
Modalitat
BIC VALENCIA
Anotació Ministeri
R-I-51-0004574
Data disposició
15/01/82
Data publicació BOE
18/03/82
Tipus de delimitació
Delimitado - Delimitación Jurídica Provisional - Planeamiento Especial Provisional Veure delimitació al mapa

A mediados del siglo XVIII y como consecuencia del auge experimentado por el tráfico marítimo el intendente general de Valencia, José de Avilés, propuso a la Corte la construcción de un nuevo edificio para la Aduana. Poco después se comenzó a erigir la nueva Casa Aduana Real, siendo autor de los planos y director de la fábrica el arquitecto valenciano Felipe Rubio y Tomás Miner, entre otros, encargado de la cantería.
La construcción de la Aduana constituyó un foco de formación y encuentro de diversos arquitectos que años más tarde estarían llamados a desempeñar un importante papel en la Academia de San Carlos, y en general en la implantación de la arquitectura neoclásica valenciana, como Antonio Gilabert Fornés o Juan Bautista Mínguez, que trabajaron como aparejador y delineante en la obra de la Aduana.
Aunque la fecha de inicio se conoce bien, el 17 de abril de 1758, no ocurre lo mismo con la fecha de su conclusión, que debió ser en torno a 1764, año en que se abrió la nueva Puerta del Mar con el objeto de facilitar mejor el paso de las mercancías marítimas con destino al nuevo edificio. Avala esta afirmación el hecho de que cuando Ponz visita Valencia en la década de los setenta, el edificio de la Aduana ya está concluido. También se ha dado con frecuencia como fecha de finalización de la obra la de la lápida que figura en la portada, en el primer piso, en donde figura el año 1802. Dicha lápida fue colocada en 1804 para conmemorar la visita de Carlos IV a la ciudad de Valencia.
Para J. Bérchez, el palacio de la Aduana, por sus características compositivas, sigue pautas marcadas por el conjunto de palacios borbónicos construidos durante la primera mitad del siglo XVIII, recogiendo soluciones del clasicismo italiano y francés y mezclándolas con fórmulas constructivas y compositivas locales. El resultado de esa combinación es un edificio que si por su volumetría remite a la peculiar arquitectura palaciega del clasicismo cosmopolita, por sus detalles evidencia el sello del barroco clasicista vigente en esos momentos en Valencia.
Se construye en una manzana completa de compacta traza de 64 por 48 metros. Destaca en su interior un patio, hoy dividido en dos por una crujía central que aloja una escalera imperial y su desembarco, que entonces, sólo debió estar dividido a nivel de planta baja por un paso cubierto. Fueron muy admiradas las escaleras originales, voladas, gran alarde constructivo, en un ámbito común, lamentablemente reducidas hoy a meros accesos al entresuelo.
Su alzado exterior se estructura en cuerpo basamental con planta baja y entreplanta, planta principal, primera y coronación, divididos verticalmente por apilastrados dóricos sobre altos pedestales, agrupándose en cada apilastrado cuatro huecos de los que sobresale por su embocadura el del piso principal con el característico ritmo alternante de frontones rectos y curvos sobre molduras lisas.
Las superficies de las esquinas del edificio están construidas enteramente en piedra, ofreciendo un contraste tectónico con la restante superficie de fábrica de ladrillo. El conjunto está rematado con un potente entablamento de friso liso con resaltes a la altura de las pilastras y cornisa moldurada con alero de teja; sobre esta balaustrada con flámulas interrumpida por buhardillas.
La portada principal, flanqueada por pares de pilastras, introduce la forma convexa en su superficie con intencionalidad barroca, al igual que las jambas biseladas y el dintel arqueado con leve abocinamiento de su primer cuerpo.
Merece mención especial el remate de la portada que sobresale del resto de la fachada, formado por un frontón curvo ligeramente convexo en su centro. Remata el frontón la estatua del rey Carlos III flanqueado por dos virtudes, la Templanza y la prudencia. Este conjunto escultórico y el gran escudo borbónico que preside el acceso, fueron realizados por Ignacio Vergara.
El interior, muy alterado por reformas posteriores, se organizó por dobles crujías que conforman en el centro un patio rectangular, de cinco ejes en los frentes y tres en los laterales, constituido cada eje por apilastrados similares a los de las fachadas, siguiendo su ordenamiento dórico denticular.
En 1828, las dependencias de la Aduana fueron trasladadas, instalándose en el edificio la fábrica de tabacos. Tras el incendio de 1896, y la ubicación de la fábrica de tabacos en el nuevo palacio de la calle Amadeo de Saboya, se destina el edificio a Palacio de Justicia, comenzando las obras de acondicionamiento en la segunda década del siguiente siglo.
La dirección de las obras corrió a cargo del arquitecto Vicente Rodríguez, comenzaron el 12 de octubre de 1914 y concluyeron el 10 de julio de 1922. Vicente Rodríguez sustituyó las rejas de las ventanas de las fachadas por los balcones de piedra, dispuso una escalera metálica de cuatro tiros en la crujía trasera del edificio y construyó una escalera principal que partiendo de un tiro inicial se bifurca en otros dos situados a derecha e izquierda. Probablemente esta actuación supuso la perdida de la muy alabada escalera original del edificio.
En 1953, bajo la dirección del arquitecto Camilo Grau, se emprendieron nuevas reformas para instalar en el Palacio de Justicia los servicios de la Audiencia Territorial. Se restauró y decoró el vestíbulo o sala de pasos perdidos. Afectando principalmente al frente de ingreso principal; se modificaron las fachadas del patio dando cabida a nuevas entreplantas parciales de la planta principal, también se ve obligado a sobreelevar los cuerpos laterales y el trasero para residencia de conserjes.
El edificio de la Aduana de Valencia ejerció una influencia no sólo en el terreno estrictamente arquitectónico, sino también en la articulación urbana de sus alrededores; así, a mediados del siglo XIX, tanto Madoz como otros autores coincidieron en señalar el conjunto formado por el palacio de la Aduana, Glorieta y edificaciones adyacentes como el lugar de mejor aspecto de la ciudad, opinión que perduró con las sucesivas mejoras, efectuadas a lo largo del siglo.
En 1997 se comenzaron los trabajos de restauración de las fachadas del Palacio, consistentes en la eliminación de la suciedad y de la contaminación acumulada en las fábricas, en la interrupción de los procesos degenerativos, reparación de las carpinterías, consolidación de la balaustrada y de las flámulas, restauración de los elementos escultóricos y ornamentales y repristinación de las fábricas tanto de ladrillo como de cantería. La intervención realizada es de clara componente ¿conservativa¿ y destinada a devolver a las fachadas y coronación del monumento un aspecto lo más semejante posible al que tuvieron cuando se inauguró el edificio en las últimas décadas del siglo XVIII. En lo referente a los aspectos exteriores, la actuación asume la transformación que se realizó entre 1814 y 1922 y que supuso la habilitación de la planta alta del cuerpo basamental para el uso de oficinas.
Se ha ratificado la intervención de Tomás Miner en la cantería, aunque no exclusivamente ya que hay un R. Soler, un Jaime Ramírez y otros no descifrados, por las inscripciones dejadas, que confirma la hipótesis de que la piedra fue originalmente revestida tapando las inscripciones.
(J.I.Casar)

Fotos

Foto InmuebleFoto InmuebleFoto Inmueble

La geolocalització dels elements està en procés de revisió.