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Real Monasterio de la Asunción o de Santa Clara

Codi
46.23.145-006
Denominació
Real Monasterio de la Asunción o de Santa Clara
Altra denominació
Convento de Clarisas
Municipi
XÀTIVA
Comarca
LA COSTERA
Província
València
Localització
C/ Moncada, 23
Època
S. XIV, S.XVI, S.XVII, S.XVIII
Ús primitiu
Conventual
Ús actual
Conventual
Estil
Gótico - Barroco
Tipologia
Edificis - Edificis religiosos - Monestirs
Foto InmuebleFoto Inmueble
Secció
Primera
Clasificació
Bienes inmuebles 1ª
Categoria
Monument
Estat
Declaració singular
Anotació Ministeri
R-I-51-0010959
Data disposició
18/07/03
Data publicació DOGV
25/07/03
Data publicació BOE
28/10/03
Tipus de delimitació
Delimitado - Delimitación Definitiva - Declaración con Entorno Veure delimitació al mapa
Publicacions DOGV
Resolució incoació
Publicació declaració
Resolució entorn de protecció
Delimitació entorn de protecció
Data resolució
18/07/03
Data publicació
25/07/03

En el año 1325 murió Doña Saurina de Entenza, viuda de Roger de Lauria, almirante de Aragón y Sicilia, disponiendo en su testamento que a sus expensas se edificase en Xàtiva un monasterio para religiosas clarisas, del cual quedaba constituida patrona y que en el templo fuese labrado un sepulcro en el cual se enterrase su cuerpo.
Para ello cedía a la comunidad las rentas y señorío de la villa de Alcoy y Gorga y de las poblaciones contenidas en el valle de Seta. Los albaceas Jaime Laguardia y Gil Martín de Entenza hicieron presente al papa Juan XII la voluntad de la testadora y el pontífice el 1 de junio de 1326, desde Aviñón despachó bula al obispo de Valencia a favor de la obra.
A su vez, el síndico de la ciudad de Xàtiva, solicitó al rey Jaime II de Aragón la gracia de esta fundación monástica y el monarca expidió Decreto de 1 de enero de 1325 autorizándola y asignando una limosna para su fundación.
Así pues, se compraron terrenos junto a los muros norte de la ciudad y puerta Nueva, llamada luego de las monjas y más tarde de León. La iglesia se dedicó a la Virgen de la Asunción.
El rey Don Pedro IV de Aragón y II de Valencia, desde Lérida, el 1 de junio de 1338, dirigió carta a la abadesa sor Beatriz de Cesaraugusta, participándole su acuerdo de proteger al monasterio de Xàtiva, al que concedía salvaguardia real, con pena de mil maravedíes en oro a quien la contraviniere.
El monasterio, fundado extramuros de Xàtiva en 1325, sufrió a mediados del siglo XIV muchas calamidades. Por causa de la guerra de la Unión hubieron de abandonar temporalmente el convento. El edificio quedó casi arruinado en 1348. Tres años más tarde la ciudad de Xàtiva recompuso el monasterio, que definitivamente fue derribado con motivo de la guerra de los dos Pedros, en 1359, y la comunidad se alojó algún tiempo en una casa particular, hasta que en 1364 se le autorizó a trasladarse a un nuevo monasterio intramuros, quedando reinstaladas las monjas en 1369, habiéndose traído el cuerpo de la fundadora, la viuda de Roger de Lauria.
Las clarisas conservaron la propiedad de sus solares extramuros, y el nuevo monasterio obtuvo autorización para construir un túnel bajo las murallas. En dicho huerto inferior (que llegaba hasta el convento del Carmen) se proyectó edificar casa y cercado con almenado, semejante al frontispicio del monasterio, según proyecto del arquitecto Viñes.
Después la religiosas, resentidas de salud, atribuyeron sus males al abusivo cultivo de arroz que llegó hasta las mismas murallas de la ciudad, y solicitaron del papa Urbano V su traslado a Valencia, a cuya pretensión se opuso la ciudad, por contrariar ello los deseos de la fundadora; y el cardenal ostiense, a fines de 1369, falló contra aquella demanda.
Con motivo de la guerra de Sucesión en 1707, la monjas se trasladaron a Valencia acompañadas de mucha gente y de una guardia de caballeros. Y aquí estuvo la comunidad durante ocho años hasta que quedó reedificada y repoblada la nueva ciudad de San Felipe. A su regreso restituyeron procesionalmente al templo el crucifijo del altar mayor que en 1707 había salvado del incendio, con riesgo de su vida, el vecino Juan Casanova.
La expulsión de los moriscos, acontecida a principios del XVII, la extinción de los señoríos jurisdiccionales, y con ello la pérdida de las rentas de los señoríos de los valles de Seta y Trevadell y el terciodiezmo de las rentas de Alcoi y la desamortización de Mendizábal supusieron la ruina de la comunidad, que tuvo que vivir de limosnas.
Con el advenimiento de la república la comunidad estaba ya completamente arruinada. El ayuntamiento, cumpliendo órdenes del gobierno de Azaña formalizó acta de incautación de los conventos de Xàtiva, previo inventario de sus bienes; y se pusieron en la fachada sendos letreros, que decían: "Adquirido este local por el Ayuntamiento paras mercado". El comité revolucionario ordenó el derribo de este edificio, efectuándolo en parte.
Contamos con distintas descripciones del monasterio, el arquitecto fray J. Alberto Pina, carmelita setabense, en el siglo XVIII escribió una "Descripción de las medidas y magnificencias del Real Monasterio de Santa Clara" que consta de 33 folios.
Carchano, en cuyo manuscrito de 1917 dice "la fachada es como si fuera una fortaleza, con la puerta de arco apuntado y encima el escudo real y corona, y en dicho murallón con almenas con coronas y en la iglesia, está al lado del evangelio el sarcófago donde reposan los restos de la fundadora del monasterio".
La descripción actual que del edificio hace don Mariano González Baldoví, director del Museo de l'Almodí de Xàtiva es la siguiente: "Sabemos que el Real Monasterio de Santa Clara de Xàtiva estaba en construcción en 1365, después de la Guerra de los Dos Pedros. Es interesante destacar que las obras fueron coetáneas a las del convento de franciscanos, ya que ambos, habían sido derribados con motivo de la citada contienda.
Consideramos como absolutamente verosímil que, al tratarse de dos edificaciones coetáneas de la misma orden, masculina y femenina, sus trazas u ejecución se debieran al mismo maestro de obras, y por tanto que siguieran unas pautas de distribución y de ornamentación muy similares, quizá con la diferencia que las clarisas disponían de más capital, y tal vez su monasterio alcanzó mayor riqueza en su ejecución material. No obstante, el templo de los frailes se hizo de mayores dimensiones por dedicarse estos a la predicación y por tanto se previó para acoger a más fieles, cometido que no tenían las monjas.
El Monasterio de Santa Clara formaba un cuadrilátero de aproximadamente 70 por 70 metros, organizado alrededor de un claustro. A grandes trazos, su distribución era la siguiente:
- La fachada lateral de la iglesia (sur), así como la portería recaían a la calle de Moncada.
- En el ala de levante estaba el dormidor o el refectorio, no sabemos muy bien el uso.
- En la parte norte estaban la celda abacial, la sala capitula y el archivo.
- El ala de poniente parece que la ocupaba la enfermería, aunque no es seguro, y otras dependencias menores.
En el siglo XVII se recreció el claustro, aunque el original gótico quedó intacto. La iglesia, de arcos perpiaños, techumbre a dos aguas y testero plano, fue recubierta con una bóveda de cañón con lunetos.
Las descripciones inéditas del siglo XVIII nos informan acerca de las dependencias siguientes:
- Portería, torno y reja para las visitas.
- Enfermería, con techo ensamblado y policromado de estilo mudéjar.
- Claustros bajos, de bóvedas de crucería apoyadas en ménsulas, con las nervaduras policromadas en azul cobalto.
- Claustros altos.
- Iglesia, con sacristía, coro alto, que tenía techo también ensamblado y policromado, del cual se conservan seis piezas mudéjares en el Museo, fechadas entre 1402 y 1410.
- Dormitorio y refectorio.
- Archivo.
- Sala Capitular.
- Cocinas.
- Cementerio.
- Huerto, con 16 fuentes, alguna manierista, como se ve en las fotos antiguas.
En 1748 sufrió los efectos del llamado Terremoto de Montesa, y la nave del templo se resintió en su estructura. A causa del peligro que entrañaba, el maestro de obras de la ciudad aconsejó derribar hasta las impostas los arcos perpiaños de la cubierta, y sustituir dichos arcos por una cubierta de cerchas en tijera de madera, como actualmente están, ocultos por la bóveda del XVII.
El resto del templo gótico, que había sido revestido de mampostería en el XVII, sigue así, pero los contrafuertes originales de piedra existen bajo los enlucidos de yeso. De este detalle sí que da información Sarthou, pues excavó los cimientos de uno de ellos.
Durante la Guerra Civil el monasterio fue dinamitado, y derribado en gran parte. De él quedan:
De la zona de la portería solamente subsiste la puerta ojival de dovelas lisas, por la que se accede al monasterio desde la calle Moncada. La iglesia existente hoy es un templo uninave, levantado en el siglo XIV, con contrafuertes interiores y capillas entre ellos. Ignoramos si se conserven los arcos transversales y la cubierta original, que debió estar policromada en estilo mudéjar, como los restos del coro, ya que lo que se ve es la bóveda de cañón. En al fachada sur, que es la principal y recayente a la calle Moncada, no se aprecian los ventanales ojivales con tracería, que debió tener, al igual que los tiene el hermano templo de San Francisco. Como quiera que ahora carece de iluminación natural, lo que va contra la lógica, consideramos como muy probable que los ventanales fueran tapiados, al igual que ocurrió con los dos de la antes citada Iglesia de San Francisco, y que aún existan bajo los enlucidos de yeso.
La portada es sencilla, del XVII, con un grueso bordón recercando el vano rectangular, y un escudo barroco sobre la clave, que parece haber sido trasladado de otro lugar del monasterio. Esta timbrado con corona real cubierta, y no figura estudiado en ninguna monografía.
El coro alto fue reconstruido después de la guerra, sin a techumbre de ensambladura, pero con el pavimento original de azulejos verdes y blancos, llamados popularmente del "mocador".
A los pies del templo hay una dependencia de bóveda de crucería (o de arco perpiaño) apoyada en canecillos antropomorfos. De ella parten dos escaleras: una, llamada por la comunidad "Secreta", construida en el siglo XVII, en una caja de mampostería, y con pinturas ornamentales de la época y del siglo XVIII, en los zócalos, algunas de carácter ingenuo. Dicha escalera sólo era utilizada en Semana Santa, y comunica con la antesala del coro alto que es la misma antesala que da al dormidor. La otra escalera, junto a la anterior, era de uso diario.
La iglesia tiene una espadaña de dos vanos, rematada en frontón, levantada en el XVII. Recayente a la plaza de la Trinidad hay un cuerpo de edificación recrecido a partir de una potente imposta apoyada en modillones festoneados barrocos, con ventanales protegidos por celosías en saledizo, desde los cuales, ocultas a la vista de la gente, las religiosas presenciaban las procesiones. Aunque se sabe que hubo más en la ciudad, son las únicas que se conservan. Ignoramos desde dónde se accede a la sala de las celosías.
En el coro alto se conservan dos nichos laterales, con cuatro portezuelas cada uno, pintadas exteriormente con figuras de ángeles, e interiormente ornamentadas con adornos rococó de corla de plata, de estilo y factura excelentes.
Estos nichos, que adoptan una disposición longitudinal, albergaban las imágenes yacentes de la Piedad, o Cristo muerto, y la de la Asunta, ambas talladas por Esteve Bonet, la segunda de ellas era una imagen de las de vestir. De ellas se conservan las cabezas, pies y manos, así como la indumentaria bordada, y numerosos cojines de terciopelo rojo bordados en oro.
A pesar de haber sido derribado el coro durante la guerra, el pavimento es original y se repuso exactamente como fue, con azulejos auténticos. Sabemos que el dibujo del pavimento es el mismo porque existe en el monasterio (hoy en Canals) un cuadro de 1845, cuyo autor se apellida Bellver, que representa un milagro acaecido en dicho coro, cuando cayó un rayo. La pintura es muy minuciosa y se aprecia con todo detalle la disposición del pavimento.
Formando ángulo recto con la iglesia, y en dirección sur-norte, desde la plaza de la Trinidad hasta casi llegar a la Alameda, se levanta un imponente cuerpo de edificación, cuyas dimensiones aproximadas son unos 12 metros de ancho, 15 metros de alto y unos 40 de ancho. Es decir, una gran nave medieval, similar a la de las iglesias de San Francisco y de Santo Domingo.
Se trata de una construcción del trescientos, de potentes y elevados arcos perpiaños de piedra con arista abocelada, que sustentan una cubierta a dos aguas. Los contrafuertes son interiores. En el siglo XVIII se construyó a media altura a un forjado, de modo que el espacio quedó dividido en dos niveles. En el inferior se instaló entonces el refectorio, con techo de cielo raso en cuyo centro hay pintado un gran escudo de la fundadora del monasterio, Saurina de Entença, que nunca ha sido restaurado y se conserva en perfectas condiciones. Sobre el dintel de la puerta de la testera del refectorio hay una imagen de Santa Ana y la Virgen en relieve de alabastro policromado y dorado, del siglo XIV, que conserva parte de ornamentación de un paño arquitectónico de arquerías ciegas, por lo que suponemos que debió formar parte de una alta o paramento.
La carpintería de las puertas de acceso es de gran calidad, de dos hojas de grandes dimensiones labradas por las dos caras en el XVIII. Al fondo, tras la testera, está la antigua cocina, de la que cabe destacar las pilas de mármol de Buixcarró, y la escalera, con barandilla de pilastras rococó con escudo de la fundadora y los pavimentos cerámicos de la misma época, trasladados de otros lugares del monasterio. Desde la cocina se sale al huerto a través de una puerta ojival de carpintería de dos hojas y clavazón góticos, la única puerta conservada de la época de construcción del monasterio.
Desde al escalera de la cocina se asciende al dormitorio, que, como dijimos, tiene otro acceso por el lado opuesto, recayente a la antesala del coro. Se conserva un tramo de la escalera construida en el siglo XVI, de caja hexagonal de yeso, con aristas aboceladas, en cuyas caras prismáticas alternan frontones curvos y rectos avenerados.
Ya en el nivel del dormitorio, hay una portadita, también de yeso, renacentista, con pilastras acanaladas y frontón.
La gran sala del dormitorio esta hoy compartimentada en celdas construidas de ladrillo enlucido. El pavimento es de ladrillo rojo, y tuvo escenas de cerámica vidriada, ya desaparecidas.
En algunos de los niveles intermedios por los que se pasa al subir la escalera aparecen los potentes arcos perpiaños de la edificación en salas de reducidas dimensiones con bellos pavimentos cerámicos, algunos salidos de la Real Fábrica de Azulejos de Valencia. (C.Pérez-Olagüe)

Fotos

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