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Torre de Telegrafía Óptica del Cerro de la Atalaya de Requena

Código
46.17.213-073
Denominación
Torre de Telegrafía Óptica del Cerro de la Atalaya de Requena
Municipio
REQUENA
Comarca
LA PLANA DE UTIEL-REQUENA
Provincia
VALENCIA
Localización
Cerro de la Atalaya
Época
S. XIX
Fecha construcción
1848
Tipología
Edificios - Edificios militares - Torres de telegrafía
Foto InmuebleFoto InmuebleFoto Inmueble
Sección
Primera
Clasificación
Bienes inmuebles 1ª
Categoría
Monumento
Estado
Declaración genérica
Anotación Ministerio
27986
Fecha anotación
15/03/11
Tipo de delimitación
Delimitado - Delimitación Definitiva - Planeamiento Urbanístico Aprobado Ver delimitación en el mapa

Planes

Nombre Informe Fecha informe Fecha publicación BOP
Plan General de Ordenación Urbana Favorable25/02/1307/06/13

La telegrafía óptica es un invento que se remonta al siglo de la Ilustración, el siglo XVIII. Fue un avance tecnológico de gran importancia, nacido en Francia, que facilitó la rápida transmisión de noticias de manera desconocida.
En España las líneas de telégrafo óptico no se levantaron hasta la década de 1840, época que ya en Europa empezaba a funcionar la telegrafía eléctrica. Por motivos de seguridad se desechó este último tipo de telegrafía dado el peligro de corte de cables por bandoleros o insurgentes. La primera noticia aparecida en la prensa sobre el uso de la telegrafía fue en la Gaceta de Madrid el 14 de octubre de 1794 pero se trató de un simple experimento efectuado desde el observatorio astronómico del Retiro y puntos de la periferia.
La primera línea que funcionó en España se debe al ilustrado Agustín de Bethencourt que había conocido el invento en Francia. En 1799 se aprueba la construcción de la línea de telégrafo óptico Madrid-Cádiz aunque se hizo sólo hasta Aranjuez. Este sistema difería del francés de Chappé.
Tras la guerra de la Independencia se reanuda la instalación de nuevas líneas y en 1831 el oficial Juan José Lerena recibe el encargo de unir con líneas ópticas la Corte y los Reales Sitios. En 1837 el Ministerio de la Gobernación proyectó la comunicación de Madrid con las capitales de provincia que fue encargada al Coronel de Estado Mayor José María Mathé en 1844, construyéndose tres de las líneas proyectadas. La línea Madrid-Valencia comienza su construcción en 1848 y su funcionamiento un año más tarde con treinta torres. La primera estación estaba en Madrid en el edificio de la Aduana, actual Ministerio de Economía y Hacienda al comienzo de la calle Alcalá y el final en el convento San Francisco de Valencia, hoy desaparecido. Dentro de la Comunidad Valenciana las torres que son en total nueve se sitúan en Villagordo del Cabriel, Fuenterrobles, Requena, Buñol, Godelleta, Chiva y Torrente.
Se erigió además dentro de la Comunidad Valenciana la línea Valencia-Barcelona con torres en El Puig, Sagunto, Almenara, Oropesa, Torreblanca, Alcalá de Xivert y Santa Magdalena de Pulpis. El Torreón de San Millán, en ésta última población, de nueva planta, se encuentra inscrito en el registro de Bienes de Interés Cultural con el nº R-I-51-0010719.
Los telegrafistas fueron principalmente militares licenciados los cuales se consideraban preparados para dicha misión. Muchos excombatientes de la Primera guerra carlista entraron en el servicio por considerarse los más indicados por las penalidades que tendrían que soportar. La organización que se dio al cuerpo de telégrafos fue paramilitar con un nivel superior (facultativo) con acceso al código secreto y otro inferior compuesto por operarios. Las líneas se organizaban militarmente en divisiones con jefatura en cada capital de provincia y cada división en cuatro o cinco secciones compuesta a su vez de cinco o seis estaciones.
El personal reclutado, entre oficiales del ejército, lo componían los inspectores de línea, de 1º y de 2º clase. El 1º era el propio Mathé y de los segundos había dos por cada línea. La dotación teórica de cada estación era de dos operarios, más un auxiliar. Los torreros se alternaban entre sí por turnos. Para que un servicio así funcionase con diligencia se exigía una rigurosa disciplina que exigía una organización paramilitar.
Los edificios levantados para servir de soporte a este nuevo avance tecnológico fueron diseñados como torres defensivas fortificadas, como las que se encuentran en Requena o se ocuparon otros edificios suficientemente fortificados.
Por orden ministerial de uno de marzo de 1844 se señalaban las condiciones que debían cumplir los lugares donde se colocasen las estaciones repetidoras del telégrafo óptico:
-distancia entre las estaciones como mínimo de dos leguas y máximo de tres, teniendo en cuenta los accidentes geográficos.
-Deberían seguirse las carreteras existentes buscando la mayor seguridad de las zonas transitadas.
-Las estaciones se fijarían en poblaciones siempre que fuera posible.
-En las capitales de provincia se debería procurar colocar las estaciones en el mismo edificio que las autoridades civiles o militares.
-Eran preferibles edificios fortificados del Estado, torres de iglesias o ermitas, castillos o casas fuertes que pudieran defenderse en caso de necesidad.
-Se debería mantener la alineación siempre que fuera posible procurando un radio visual de la línea perpendicular al frente de cada torre, aunque según escribe Madoz: ¿la mayor y más esencial ventaja que lleva, sin disputa, nuestra máquina telegráfica a todas las
demás conocidas es la de que sus signos son visibles con igual claridad desde todos los puntos del horizonte, al paso que en la de otros países la percepción de aquellos solo es exacta cuando se observan en una dirección perpendicular....¿.
La torre del Cerro de la Atalaya se encuentra situada a 823 m sobre el nivel del mar, a unos 3000 m al noreste de la ciudad y a unos 1200 m de la autovía de Madrid A-3.
Las torres fortificadas en general reúnen las siguientes características: son cuadradas de tres pisos (con alguna excepción), siendo sus medidas generales:
-base ataluzada de 6,4 x 6,4 m (medidas exteriores en la base del talud) y 4,3 x 4.3 en el cuadrado interior.
-espesor de las paredes del talud de 0,95 m en la base y 0,70 m a la altura de las aspilleras y 0,50 m en las paredes.
La puerta nunca está a nivel del suelo por lo que la planta baja no tiene aberturas, salvo las tres aspilleras de cada lado.
En el primer piso se sitúa la puerta a más de 2 m del suelo ascendiéndose a ella por medio de una escalera de mano que podía retirarse hacia el interior en caso de amenaza. En la segunda planta hay otra ventana aunque en esto difieren las torres según las líneas ya que en Castilla tienen más vanos que las de Valencia. En esta planta los vanos se reducen manteniendo el carácter defensivo del edificio.
Sobre la azotea se montaba el aparato del telégrafo.
(C.Pérez-Olagüe)

La torre del Cerro de la Atalaya de Requena presenta las mismas características arquitectónicas que el resto de ejemplares de su tipo, con sillería en cadenas de esquina y recercados de huecos en piedra.
El volumen de la torre está formado por un cuerpo principal prismático de dos plantas sobre zócalo fuertemente ataludado.
Por una de las caras del zócalo se accede, a través de una gran puerta adintelada con arco rebajado de fábrica de ladrillo.
A cada lado de la puerta, una aspillera perfora esta cara de la torre. El resto de las caras del zócalo se encuentran perforadas por aspilleras en la parte alta.
La comunicación entre los diferentes espacios interiores se resolvía mediante una escalera de caracol de planta cuadrada, situada en uno de los ángulos del interior. La estructura mural se conserva prácticamente íntegra, si bien los elementos leñosos.
El mecanismo del telégrafo, como en las restantes torres de telegrafía ha desaparecido por completo.

Croquis

Foto Inmueble

Fotos

Foto InmuebleFoto Inmueble
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