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Iglesia Parroquial de San Luís Gonzaga (El Realengo)

Codi
03.33.059-010
Denominació
Iglesia Parroquial de San Luís Gonzaga (El Realengo)
Municipi
CREVILLENT
Comarca
EL BAIX VINALOPÓ
Província
Alacant
Època
S.XX (1957)
Ús primitiu
Religioso
Ús actual
Religioso
Tipologia
Edificis - Edificis religiosos - Esglèsies
Foto InmuebleFoto InmuebleFoto Inmueble
Secció
Segunda
Clasificació
Bienes inmuebles 2ª
Categoria
Monument d'interés local
Estat
BRL (en Tramitació)

El casco urbano se encuentra situado en el llano denominado El Saladar. Depende administrativamente del contiguo municipio de Crevillente, del que le separa la distancia de cinco kilómetros.
Su implantación física se apoya en la carretera que discurre con trazado recto entre Catral y las nacional 340 en las proximidades del casco urbano de Crevillente, la limita al oeste. En el ángulo noroeste del núcleo El Realengo se produce el cruce de la carretera antes mencionada con la línea del ferrocarril que une Alicante y Murcia. También está el extremo de la carretera que comunica con el poblado de San Isidro.
Redactó el proyecto de trazado urbano así como de los diferentes edificios el arquitecto José Luis Fernández del Amo, que trabajó para el Instituto Nacional de Colonización, organismo que además fue el promotor de la construcción del mencionado poblado.
El poblado fue planificado en el año 1957. Su construcción debió comenzar inmediatamente y estuvo físicamente ocupado por sus habitantes en los años. En el catálogo a servir de explicación a la elaborada con la obra del arquitecto, consta un plano con fecha del año 1960, posiblemente fue dibujado con posterioridad a la terminación de las obras de construcción del Realengo.
El casco urbano presenta un trazado ortogonal, el núcleo inicial está incluido en un rectángulo cuya dimensión aproximada es de seiscientos metros en sentido norte sur, siendo la mitad en la dirección contraria. Fue construido en un terreno de El Saladar completamente llano. El núcleo central es un espacio abierto alrededor del cual se articula la totalidad del poblado. En este espacio se encuentran los edificios emblemáticos propios de la administración que rige la vida civil en el poblado.
Su construcción comprendía inicialmente ciento quince viviendas destinadas a los colonos agrícolas; a las que había que añadir veinte destinadas a los obreros que trabajaban en distintos oficios auxiliares. Además se construyeron una serie de edificios destinadas a distintos usos de la Administración Municipal, dependencias parroquiales, viviendas para funcionarios, escuelas y casa del médico, etc.
La arquitectura original era muy sencilla en cuanto a su composición y características constructivas. Se recurría al empleo de superficies planas, estableciendo juegos de luces y sombras que proporcionan los huecos previstos para el paso y entrada de luz y aireación. En los acabados dominaba el color oscuro de las carpinterías, recortadas sobre el blanco de la cal de las superficies opacas.
Las condiciones ambientales, con humedades del terreno que provocan patologías en los muros, y la escasa calidad material de las construcciones, han sido las causas de un deterioro rápido de las condiciones materiales y de visualización, de tal manera que se perciben con un alto grado de envejecimiento material.
Además hace poco más de una década el Iryda, administración de Agricultura titular de los poblados, comenzó a escriturar a nombre de los usuarios las viviendas y los diferentes locales. En manos particulares el conjunto ha experimentado, con el afán de actuar sobre las patologías, reformas importantes cuya nueva morfología tiene escasa referencia a la primitiva.
Años atrás se produjo la demolición de las dependencias anexas a la iglesia parroquial.
En general la apreciación global que ofrece el poblado es de deterioro en la apreciación de la morfología arquitectónica, con la alteración de las características formales iniciales. De tal manera que el poblado ha sido totalmente desvirtuado y poco tiene que ver con el inicial. Tan solo algunas construcciones asiladas se conservan en su estado inicial y, aún así con algunas transformaciones más o menos llamativas.
Una de las pocas construcciones que conserva casi íntegra su arquitectura es la iglesia y las dependencias parroquiales. Edificaciones que por otro lado acusan las patologías de las restantes del poblado.
En tiempos existió un pórtico permeable junto al campanario que configuraba un espacio a modo de patio interior a la trama general. Hoy ese pórtico no existe a pesar de estar reflejado en la cartografía más moderna elaborada para la redacción del documento urbanístico. La referencia que tenemos es exclusivamente a través de fotografías y su existencia hacía homogénea las distintas dependencias parroquiales.
La planta es rectangular y de nave única, está orientada canónicamente con la entrada principal situada a poniente. Presenta atrio y dos pequeñas puertas situadas en los lados de la fachada; sobre ella hay un mural cerámico que fue realizado por Manuel Baeza.
Queda flanqueado el atrio por la torre del campanario y el baptisterio, edificio casi exento cuyo volumen es un cubo rematado en la parte central por una pirámide.
En el interior, la iglesia tiene planta rectangular que guarda la proporción 1:2; está subdividida en cinco tramos. Presenta la puerta de grandes dimensiones en la fachada sur con el fin de posibilitar la salida del paso con el santo en procesión. Junto al lado norte discurre un pasillo, diferenciado de la nave por una alineación de columnas
a través del cual se llega a la sacristía. Sobre el pasillo discurre un cuerpo a galería, de tal manera que el espacio esta diferenciado en dos alturas.
El presbiterio queda en un espacio casi cuadrado delimitado por muros de carga. Está sobreelevado por varias gradas.
El espacio se cubre superiormente mediante un plano inclinado que tiene la mayor altura en la alienación norte y desciende hacia el lado sur. Internamente se marca visualmente la estructura portante de pilares y vigas de hormigón armado.
En el exterior la torre del campanario de la iglesia carece de conexión con las tradicionales y están más cerca de las soluciones de la arquitectura nórdica contemporánea.
La coherencia de la Iglesia alcanza el diseño del mobiliario, donde destaca la introducción de nuevos conceptos artísticos, fundamentalmente se trata de la abstracción. Este tratamiento no figurativo con vidrieras se traslada a la realización de los retablos. La apuesta por la abstracción es importante por la época en que se llevarán a cabo. Se pretendía una ruptura estilística y formal con el pasado más inmediato.
Un total de siete vidrieras rectangulares apaisadas con formas y motivos abstractos y realizada con estructura de hormigón, permiten la iluminación material del interior. Desconocemos el autor de estos trabajos.
Los elementos de mobiliario y uso litúrgico conocidos parcialmente a través de la fotografía de época que se adjunta en la documentación.
Debemos destacar el tratamiento de la cabecera del presbiterio, donde una sencilla cruz de grandes brazos preside el retablo. A un lado queda la imagen de una Virgen y al otro un motivo escultórico realizado en hierro a modo de red y completamente abstracto. Su autor es el escultor alicantino Adrián Carrillo. (S.Varela)

Fotos

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